Nací en Bogotá en 1978, pero mi raíz y mi mirada crecieron en las sabanas del río Tocaría, en Casanare. Soy una persona de origen y experiencia campesina, cercano a los haceres, los rudimentos y el trabajo manual. Dibujante por necesidad vital, mi práctica se mueve entre la ilustración científica y la expresión libre; aunque confieso que casi siempre me voy por las ramas y acabo cambiando de atmósferas o de planeta.
Me formé como Maestro en Artes Plásticas (Universidad de Los Andes, 2002) y obtuve mi Diploma de Estudios Avanzados (Universidad Complutense de Madrid, 2004). Como animador curioso y explorador de procesos híbridos, mi obra investiga las posibilidades narrativas de la línea y el comportamiento de los materiales contemporáneos —desde el clásico lápiz de grafito y el papel bond, hasta maderas, pantallas, instalaciones y cables—. Me interesa profundamente el paisaje desolado y su transformación por agentes humanos o naturales; el peso de los cuerpos que cuelgan o se posan, y las huellas que dejan las aguas mansas y las torrenciales.
Llevo más de una década compartiendo mi proceso desde la docencia y colaborando con otr@s creadores. He participado en producciones plásticas, editoriales y audiovisuales en varios países, buscando siempre que cada proyecto invite a una contemplación prolongada y genere múltiples lecturas.
El Chicuaco es un ave que habita gran parte del territorio de piedemonte y llanos de Colombia. Se caracteriza porque sus nidos son tupidos, fuertes y tejidos en una maraña de cuerdas, hierbas y fibras. Las crines y colas de los caballos suelen enredarse con el viento, el agua, el polvo y el movimiento, formándose trenzas y nudos que los llaneros, y los indígenas, han llamado de la misma manera. Los veo como esculturas naturales que representan la libertad, la intemperie de la naturaleza, el camino, la velocidad y el vínculo de las especies y los elementos.
“CHICUACO”
Fotografía digital. 2008