DOCENCIA Felipe Barragán, Bogotá 2026 ©

Acompañamiento y Proceso

Mi práctica docente se fundamenta en la convicción de que el aprendizaje de las artes plásticas es, ante todo, un proceso de investigación compartida. A lo largo de mi trayectoria en diversas instituciones y entornos de formación privada, he estructurado una metodología que prioriza el acompañamiento crítico y sensible de cada estudiante. Más que la transferencia de un saber técnico estático, mi labor consiste en proporcionar herramientas y estrategias que permitan a los alumnos expandir su propio acervo visual y conceptual.

Entiendo el espacio de trabajo —sea este un taller universitario o un entorno de tutoría particular— como un territorio donde la línea, el dibujo y la espacialidad operan como vehículos de pensamiento. En cada sesión, el ejercicio técnico no es un fin en sí mismo, sino el sustrato sobre el cual se construyen proyectos con identidad propia. Me interesa potenciar la capacidad de observación y el rigor procesual, ayudando al estudiante a identificar las potencias de su trabajo para que pueda navegar la complejidad de la creación contemporánea con seguridad y criterio.

Al final, se trata de que cada alumno encuentre su propio pulso. Al cruzar la práctica con metodologías de experimentación, logramos que el proceso deje de ser una ejecución mecánica para convertirse en una exploración genuina. Mi objetivo no es imponer un estilo, sino facilitar que cada creador consolide un lenguaje propio, uno que sea capaz de sostenerse por sí mismo fuera de las paredes del taller.

Materia y Dispositivo

En la etapa de profundización del taller, el enfoque se desplaza hacia la construcción de dispositivos de representación y el estudio de sistemas que permiten educar la mirada. No entiendo el dibujo como una técnica aislada, sino como un campo de experimentación física y química. En cada sesión, incentivamos la creación de herramientas propias —desde visores personalizados hasta la preparación artesanal de materiales— para que el estudiante deje de ser un consumidor de insumos y se convierta en un investigador de su propia materia.

Esta exploración técnica abarca desde la fabricación de pasteles y barras de óleo, hasta la preparación de soportes alternativos utilizando sustratos como alquídicos (alquyl) y polvo de mármol. Estos experimentos físicos y químicos no son meros ejercicios procedimentales; son estímulos diseñados para que el artista en formación descubra nuevas posibilidades táctiles y espaciales en su obra. Mi metodología rechaza la idea de una "fórmula probada" o un taller rígidamente dirigido; busco que cada creador, a partir de sus propias necesidades e impulsos, consolide un lenguaje propio que trascienda la ejecución mecánica.

Finalmente, entiendo el dibujo como un terreno del pensamiento, un espacio donde la reflexión se materializa a través del trazo. En este proceso, la bitácora aparece como la compañera de ruta indispensable; no es solo un cuaderno de notas, sino un laboratorio portátil donde se registran los hallazgos, los errores con potencia y la evolución de cada idea. Es en este registro constante donde el estudiante logra decantar la experimentación matérica, convirtiendo la práctica del taller en un cuerpo de conocimiento sólido que guía su trayectoria creativa.